lunes, 6 de abril de 2009

"La crisis, nuestra crisis y la crisis de los demás"

- Mini-manifiesto subnormal LI - de Jesús Cabrera, domingo, 5 de abril de 2009

Paul Krugman, en “El País” de hoy, 05/04/2009, saca a colación un chiste -al cual por cierto no le veo gracia alguna- que, por lo visto, circulaba (supongo que por Wall Street) al comienzo de la crisis, dice que decían: “nuestras relaciones con China han resultado justas y equilibradas después de todo: ellos nos vendían juguetes envenenados y pescado contaminado y nosotros les vendíamos valores fraudulentos”. Repito, no le veo la gracia y menos en boca de un Premio Nóbel de Economía al que se ha de suponer una preocupación universal por la Economía y la Administración de los recursos y los esfuerzos de la Humanidad entera donde quiera que estén mal administrados. Es posible que, como dice el Prof. Krugman, la estrategia china de acumulación de reservas durante más de una década de prosperidad -con un cuantioso superávit de balanza comercial y afluencia masiva de capital extranjero- haya sido equivocada, pero, entre tanto, también, han conseguido salir del subdesarrollo, crear una clase media relativamente numerosa a partir de la miseria y construir las bases de una economía moderna notablemente competitiva y productiva, adaptándose a las reglas de juego del Sistema Económico Mundial, lo cual tiene un mérito no despreciable para quienes pensamos en cómo procurar la “Riqueza de las Naciones” (de todas) y el más alto nivel de bienestar económico que, partiendo de los recursos de que disponemos, podamos alcanzar los humanos en general; nos duele que todavía no hayamos sabido erradicar la miseria del Tercer Mundo, costando las cuatro perras que costaría erradicarla hoy día, y los abusos de ostentación, megalomanía y despilfarro que tan caros están costando a muchos millones de seres humanos, por ejemplo, en estos momentos de crisis.

Bien le habrá venido al Tesoro Norteamericano contar durante estos años pasados con tan buenos clientes para sus emisiones de Bonos y, al menos para los “teóricos de la economía”, en la situación crítica global en que nos encontramos, debería considerarse tan importante sacar a China de la crisis como hacerlo con EE.UU., España, Alemania, Japón, etc. El Sr. Krugman juzga poco menos que de demencial la propuesta de Zhou Xiaochuan (Gobernador del Banco Central de China) en pro de la creación de una nueva “moneda de reserva supersoberana” mediante la cual EE.UU. renunciase a la soberanía sobre el dólar y, ni que decir tiene, los países de su zona a la soberanía sobre el Euro, los japoneses a la del Yen, etc.; de tal modo que el control de la masa monetaria global quedara bajo la soberanía de un Banco Mundial controlado por una Autoridad Financiera Global (democrática) que se pusiera al servicio de la Economía Planetaria y no al de las economías dominantes mirando cada una por el crecimiento de su propio negocio nacional. Hay formas de proteccionismo -y el Prof. Krugman lo debe saber muy bien- que no se incluyen en el Capítulo de Comercio Exterior, sino en el de Control de la Oferta Monetaria.

No es de extrañar que, en su reciente visita a España, el flamante Premio Nóbel viera tan cruda la situación y el futuro de la economía española -tan endeudada como la de EE.UU. y con gravísimos problemas de competitividad relativa- si, al parecer, nuestro brillante maestro concibe el funcionamiento del Mundo desde el imperativo del “sálvese quién pueda” y. afortunadamente, como él mismo reconoce en el citado artículo, la recientísima Cumbre del G-20 ha conseguido “más de lo que él pensaba”, ignoramos si para bien o para mal, pero en el contexto de sus prolíficas declaraciones, él, no parece estar muy de acuerdo con la estrategia universalista del Presidente Obama que da la impresión de entender la solución, de este embrollado atolladero en que estamos, pasando por una visión global comprensiva, generosa y solidaria de las necesidades prioritarias del mundo entero. Obama no osará proponer una moneda única de soberanía supranacional -la oposición republicana y la “ciencia académica” lo destrozarían sin duda- pero es muy razonable que la proponga el Gobernador del Banco Central de la Republica China y puede que la idea termine por imponerse sin necesidad de acudir a presiones mayores por la fuerza de lo inevitable: los resortes de que han dispuesto las Economías Nacionales, han de ser transferidos al gobierno de la Economía Global.

Sea como sea, resulta por lo menos chocante la orientación, digamos “regionalista”, del pensamiento económico dominante que al parecer sigue contemplando el Universo (y la Economía Global) como un campo de juego en el que los países ricos han de ver cómo mantener su hegemonía dejando que, de paso, vayan saliendo de la miseria los otros dos grupos de países (los emergentes y los francamente sub-desarrollados) sin el concurso de los cuales, los primeros, no pueden fundamentar las oportunidades para seguir haciendo sus tradicionales magros negocios. Está bien que “el Sistema” se base en la competencia y que el invento del dinero haya sido susceptible de impulsar la actividad económica de las naciones que han sabido administrarlo con cordura, pero habrá de verse llegada la hora de instrumentalizarlo (el dinero) en beneficio de un desarrollo económico global sin fronteras, priorizando el de los colectivos humanos más necesitados. La primera crisis del siglo XXI, si algo ha puesto en evidencia, es que ya no es verdad aquello tan manido de que, si la Economía del País Hegemónico (fuera el que fuera) iba bien, todo iba bien o al menos pasable. Ahora, es mucho más cierto lo contrario, es decir, para que las Economías más desarrolladas vayan tirando, las menos desarrolladas tienen que ir viento en popa, creciendo muy deprisa. Los pasados últimos años de “bonanza” son un buen ejemplo de ello.

La reacción de la “autoridad académica mundial” a la mencionada propuesta del Gobernador del Banco Central de China, tratando de paranoica a la facción del Partido Republicano americano que cree ver en ella un “vil complot” contra la soberanía del dólar, para, a renglón seguido, banalizar tal propuesta considerándola un simple reconocimiento de la debilidad de la economía china -a mi entender- no tiene otra explicación que la sordera crónica que padece la “autoridad académica”, la cual le impide oír el clamor mundial que reclama como ineludible un nuevo orden monetario internacional (no sólo de control de los comportamientos y abusos de los agentes financieros), en aras de poder conducir la “herramienta-dinero” hacia el desarrollo de los que más lo necesitan, quitándosela (y digo, quitándosela de las manos) a los que desde siempre la han usado, en el mejor de los casos, con fines nacionales radicalmente in-solidarios con el resto de las naciones y que ahora ha empezado a resultarles incompatible con un funcionamiento no convulsivo de la Economía Global.

Ciertamente, la tal proposición de los chinos no es un “vil complot” y también puede entenderse como reconocimiento de la debilidad de la economía china, pero Sr. Krugman, en estos tiempos, ¿no está claro que lo que tiene los pies de barro es, precisamente, la Economía Mundial?, ¿cómo va a pagar EE.UU. lo que debe a China?, ¿no será mejor convertir todos esos títulos en Derechos Especiales de Giro, o algo parecido, emitidos por un Banco Mundial y que sea el mundo entero el que asuma y vaya pagando tan inmensa deuda a quienes van a necesitar disponer de esos recursos para continuar acercándose a niveles dignos de renta per cápita? Francamente, a mí, la propuesta de Zhou Xiaochuan me parece de lo más sensato que se puede esperar del principal acreedor del Primer Mundo que, además, tiene detrás de sí una población cuatro veces mayor que la de EE.UU. y, no como hasta hace poco, ya registra su número de parados, salidos durante ésta misma generación de la miseria agraria para caer ahora (¡y un güebo!) en la urbano-industrial o terciaria.