- Mini-manifiesto subnormal LVI - de Jesús Cabrera, martes 2 de Junio de 2009
Un pensamiento de los que más han influido en mi vida es aquel que reza: “procura dejar el mundo más ordenado de cómo lo encontraste”. Ignoro el origen de tan preclara sentencia (qué más da), pero para mí, español nacido en el año 1939, resultaba una tarea abordable y aparentemente fácil de conseguir a la que mi voluntad y mi pereza se adhirieron con entusiasmo en mí más tierna adolescencia. Hoy día me pregunto, ¿realmente eso es posible?
En la duda acuden a mi memoria los versos de una canción infantil, probablemente de tradición muy antigua, que parcialmente recuerdo:
“... la torre en guardia, la torre en guardia, la vengo a destruir...
... (no sé pero algo o alguien se lo impide)
... me iré a quejar, me iré a quejar al gran rey de Polonia...
... mi rey mi príncipe, mi rey mi príncipe me arrodillo a tus píes...
... mi general, mi general pedir lo que queréis...
... la torre en guardia, la torre en guardia la tengo que rendir...
No recuerdo más que estos versos de aquella letra, vaya usted a saber su origen -qué los eruditos lo investiguen- más habla de un propósito que se somete en controversia a la autoridad del príncipe por la voluntad contrariada de un noble general... ¡qué tiempos!
Ahora una vez más, como siempre, los humanos nos encontramos más que nunca ante una situación, un reto, de ordenamiento del mundo y sus valores. La crisis económica, pero no sólo, está pegando fuerte y las estructuras sociales sobre las que se apoya el orden establecido, se resienten. ¿Establecido?, es un decir, pues nunca lo estará. Es de cajón. Ingenuo de mí que quería dejar a mis nietos un orden “mejor”. Pero, ¿mejor que qué?... obviamente, siempre ha de ser mejor que el de antes, ¡faltaría más!, pero no necesariamente mejor en relación con nuestros propósitos y ¿cuáles son nuestros propósitos? Por supuesto, no son inalterables. En estos nuestros tiempos, mis propósitos -los míos y los que entiendo de la mayoría de ahora, tan aficionada a cuantificarse estadísticamente- no parecen coincidir con los de aquellos que nos gobiernan por voluntad popular y sufragio universal. Necesitamos más que nunca un “príncipe” de indiscutible autoridad. Pero, ¿cómo y dónde hallarlo?
Es posible que el azar y la necesidad nos hayan conducido a poner la mirada en los Estados Unidos de América y Obama sea el “príncipe” enviado de los dioses que estábamos esperando ¡Loado sea el Santísimo si así fuera! Mas, ¿cómo darle al príncipe la soberanía sobre “el todo” si apenas ha sido votado por 1% de los humanos en edad de votar?... ¿cómo habremos de tener el “señor” que nos guíe en un mundo tan fragmentado en sus intereses por los estados soberanos y sus finanzas?
No reniego del estado burgués que la modernidad alumbró. Reniego de un orden universal incapaz de orientarse y orientarnos hacia lo que los “ciudadanos del mundo” -es un decir- apetecen, a mi entender. Es decir, paz, bienestar, estabilidad y justicia. ¿Qué líder político desde el poder o desde la oposición osará hazaña de semejante envergadura? Ahora bien, como sigo fiel a mi propósito de legar a mis nietos un mundo mejor ordenado, ahora que ya soy abuelo, reniego de quienes entienden y ejercen la Política desde perspectivas mezquinas, nacionalistas o regionalistas, en un universo de abundancia que se nos está quedando pequeño en razón del propio provecho, la eficiencia y la rentabilidad. Los mercados son incapaces de absorber la capacidad productiva de que disponemos mientras una cuarta parte de la humanidad pasa hambre y nuestra mentalidad burguesa no concibe otra forma de ordenamiento que el ¡sálvese quien pueda! o el que: “al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga”
Malos tiempos se avecinan para nuestros nietos si no somos capaces de empujar a nuestros políticos hacia Programas de Orden Universal Jurídico y Económico, pero sin engaños. ¡Malhaya aquel que no sepa ver en los Proyectos Políticos Transnacionales en marcha, nada más que el oportunismo del interés nacionalista o estatal!
¿Alguien hace campaña de esto en las Elecciones al Parlamento Europeo?
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[*] El título de este “mini” tiene que ver, obviamente, con el del conocido concierto de Ravel, tratando de demostrar que es posible concertar una sinfonía, sin echar en falta la “mano derecha”, cuando la necesidad aprieta.
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