miércoles, 18 de febrero de 2009

“La guerra ya ha comenzado”

-Mini-manifiesto subnormal XLIV-

Miércoles, 18 de febrero de 2009, por Jesús Cabrera

Puede que tenga razón Mario Trinidad con lo que dice en “El País” de esta mañana (18/02/2009) acerca de la triplicación de la fuerza de trabajo en el mundo (de 1.000 millones de trabajadores “registrables”, a casi 3.000 en poco más de una década) como causa estructural de la crisis económica universal que está asolando el modo de ganarse la vida de la población del Planeta y a la que los economistas nos estamos refiriendo con semánticas y formatos sucesivos de crisis “financiera”, crisis “inmobiliaria”, crisis “económica global”, “recesión” y, a la vista, el “fantasma de la deflación” más lo que nos quede por venir.

En resumen, los mercados nacionales y mundiales no encuentran demanda suficiente para absorber la oferta de bienes y servicios que habría de producirse (día a día) para mantener activos los 4.000 millones de pares de brazos y cabezas que serán ya, actualmente, los que andan necesitados de tener un empleo para poder subsistir. La III Guerra Mundial ya ha comenzado y esta vez la beligerancia es entre los colectivos de trabajadores de las distintas nacionalidades, tratando de no ser ellos, sino los otros, los que se vayan al paro que ya puede estar afectando en el cómputo global a más de uno de cada diez pretendientes a ocupar un puesto de trabajo en el mundo, aunque sea miserable. Las desigualdades entre los distintos frentes en lucha (trabajadores de las distintas nacionalidades y áreas económicas en que se divide el Planeta) y sus diferentes capacidades de agresión y resistencia son abismales, no obstante, el Capital, en competencia (universal por definición), no acierta a sacar provecho de tales diferencias en tanto parece habérsele agotado el margen de arbitraje sumido en el escaso excedente de los retornos que obtienen con las inversiones donde quiera que acudan. Todos claman por incrementar la productividad y la competitividad relativa de sus economías nacionales y todos han visto disminuir, en mayor o menor medida, sus valoraciones bursátiles.

A su vez, los gobiernos de prácticamente todos los países del mundo se esfuerzan en inyectar dinero en ayuda de sus propias economías, generando demanda interna o mayor capacidad adquisitiva y disponibilidad de renta en sus clases medias. Para ello, los estados soberanos han de colocar ingentes cantidades de Deuda Pública en el mercado financiero internacional mientras el flujo mundial de formación de capital se desploma en razón de la menor capacidad de ahorro generada por la merma de actividad y el abaratamiento de las materias primas en general y del petróleo en particular y, en consecuencia, los estados más poderosos (para evitar la “sobreoferta” mundial de “papel de deuda pública”) se van a ver obligados a abandonar la ortodoxia monetaria -¡menudo lío para la zona Euro!- colocando su Deuda Pública directamente en sus propios Bancos Emisores.

Coyunturalmente, con este tipo de medidas, es posible que dentro de un año o año y medio la economía americana empiece a despegar y con ella la de los principales países, por lo que dentro de no mucho se empezará a hablar de que la “Crisis del 2007-2008” está al fin remitiendo. Mas, parece claro que la lucha intra-clase trabajadora a nivel mundial no cesará mientras no se descubra la forma de dar empleo a todo el que lo requiera, o a un razonable 95% de dicho colectivo, en cualquier parte del mundo y para ello se precisa acelerar el crecimiento de la demanda solvente de bienes y servicios, a escala mundial, en una proporción mayor de la que crezca la fuerza de trabajo disponible.

Es decir, en el estadio de “sobrecapacidad productiva” que el mundo ha alcanzado al final del Siglo XX, es preciso hacer lo que haga falta para “sobre-estimular” la demanda y el consumo de quienes más pueden consumir (los más pobres) y salvar así el Sistema Económico Mundial del estado de crisis endémica al que parece estar abocado, lo que equivale a reconocer objetivamente la necesidad de retribuir progresivamente en mayor medida la fuerza de trabajo de los menos favorecidos en los países más pobres (o menos ricos) para lograr así, el armisticio en esta guerra soterrada de que hablamos y en la que los países más ricos y sus ciudadanos llevamos todas las de perder.

Mas, también objetivamente, se habrá de reconocer que un Programa Universal en favor de los países menos desarrollados, consistente en darles “Más trabajo a cambio de Más demanda”, que podría ser la “salvación” o por lo menos la “estabilización” del Sistema, no puede ser abordado directamente por el propio Sistema y sus actores individualmente por ser contrario a su “filosofía” y habrá de contar con el voluntarismo político comprometido de los estados económicamente más poderosos renunciando, en parte, a sus estrategias político-económicas desarrollistas conforme al nivel de coste relativo de la fuerza de trabajo alcanzado en cada uno de ellos. Los grandes males suelen traer consigo grandes remedios y es posible que esta tremenda Crisis 2007-2008-2009... nos traiga, a la fuerza y por narices, un Universo más solidario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario