La monetarización de la Deuda Pública siempre ha sido un recurso de los Estados Soberanos (por la Gracia de Dios) en casos de extrema necesidad, como él de ahora en la Eurozona, o de extrema “desfachatez del soberano” como ha registrado la historia en numerosos casos. La cuestión está en valorar a priori la contribución que con ello se hace al bien común y/o al particular, teniendo para mí que ambos objetivos (el del bien común y el del bien de los particulares) son compatibles entre sí, siempre y cuando el primero prevalezca sobre el segundo; pues el bienestar económico colectivo no se logra sin que los negocios en su mayoría resulten prósperos -como suma algebraica de lo que ganan unos y pierden otros- y se haga de forma tal que la riqueza resultante quede mejor repartida. ¡Eh aquí la destreza que ha de poner de manifiesto el Sr. Trichet! Para muchos es evidente que, actualmente, “monetizar su deuda” es una medida altamente conveniente para algunos estados de la Eurozona, pero, para tomar tal decisión y empezar a hacerlo, ¿por qué se ha tenido que esperar a que ciertos poderes fácticos dieran su visto bueno?...
¿A qué intereses sirve el BCE?
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