domingo, 30 de mayo de 2010

Otros valores y otra tabla de salvación

Mientras sigamos considerando que nuestra única tabla de salvación es “el crecimiento económico”, a medio y largo plazo, no tenemos salvación.

Debemos procurar, sí, que nuestro sistema productivo sea cada vez más productivo o, lo que es lo mismo, que con nuestros recursos disponibles se produzca la mayor cantidad de riqueza posible, pero, de eso a que, si no alcanzamos cada año una tasa real de crecimiento del PIB superior al X% nuestra economía y nuestros gobernantes habrán fracasado, hay un abismo. ¿Razones?:

1º El PIB de un país no mide la riqueza que el país disfruta, sino el flujo de bienes y servicios que produce anualmente con destino al mercado, valorados a precios de éste.

2º La riqueza de un país depende del capital neto acumulado y del bienestar que éste proporciona, social y individualmente, dependiendo de cómo esté distribuido y administrado y descontando de él la tasa de riesgo de destrucción o pérdida ocasional que pueda atribuírsele (por cierto, más alta cada vez si no empezamos a mirar la realidad económica de otro modo).

3º En consecuencia, en el aumento de la productividad de la economía del país se debería distinguir, entre: la productividad generada a partir del aumento de la producción de bienes y servicios con destino al mercado, de la que se puede generar con el empleo directo de recursos en la mejora y aumento del bienestar social.

Podrían encontrarse otras muchas razones, pero con estas basta para ver que, si China y los demás países emergentes nos ganan la batalla -que deberíamos dar ya por perdida- del reparto del crecimiento anual del PIB mundial, nos queda la vía estratégica de utilizar los recursos excedentes disponibles en aumentar, continua y establemente, el “Bienestar Social Nacional” (BSN)

¡¡¿Quién ha sentenciado que no se podrá reducir la tasa de paro hasta que el incremento anual del PIB no supere no-sé-qué-tanto-por-ciento?!! Si tal sentencia fuera válida para España durante la próxima década, más vale que no nos molestemos en buscar un Gobierno que lo consiga. Estaremos condenados a “quemar”, sistemática y sucesivamente, todos los que vengan prometiéndolo y no lográndolo. Sólo nos queda esperar que venga alguno que nos proponga un “cambio de valores” y, si la receta no se hace extensiva al conjunto de las sociedades del “primer mundo”, cada día, este Mundo será más ingobernable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario