-Mini-manifiesto subnormal XXII- Marzo 2008, por Jesús C.
“Carecemos de pruebas suficientes acerca de la existencia
del `voto útil´ pero resulta abrumadora la evidencia de la
`inutilidad del voto´. ”
J.C. of the Church
No se necesita ser demasiado estúpido para no aceptar que cualquier sociedad necesita un orden primario elemental establecido mediante el ejercicio de una autoridad ordenadora que gestione la cosa pública. Sabido es que la mayoría de los mamíferos -entre ellos los humanos- anda por ahí buscando algo que echarse a la boca y, tras deglutirlo, encomendar a sus órganos corporales y vísceras la formación del bolo alimenticio del que se nutre y de cuya regular ingesta depende la vida del individuo e incluso su existencia como especie. También me atrevo a considerar evidente que a lo largo del tubo digestivo se desencadena un proceso entrópico de des-estructuración o apapillamiento[1] de lo ingerido (aquellos hermosos tomates, las graciosas coliflores, las divertidas cigalas, etc.) y, a medida que el susodicho proceso avanza, el singular mamífero-mayoría se siente confortablemente satisfecho, transformando el plato del día en bolo alimenticio, primero, y en embutido fecal, postreramente. Si todo ha ido bien, al final del proceso se obtiene una mierda compacta de estructura molecular homogénea y casi exenta de nutrientes útiles para la especie humana pero que ha de servir de excelente alimento a otras especies menos afortunadas que, a su vez[2], se sentirán igualmente felices de alimentarse, prolongar su vida lo más que puedan y procrearse.
En fin, todo, absolutamente todo, requiere ¡¡orden y organización!![3] y para ello se necesita que de alguna manera, algo o alguien ejerza (factualice) el poder que ordena los procesos tanto sociales como naturales[4] por lo que, si queremos salir adelante, siempre tiene que haber algo o alguien que ordene socialmente la producción y la reproducción de lo socialmente necesario y es por ello que los humanos -desde allá por el final del paleolítico y/o el comienzo del neolítico- hubimos de inventar -a base de sucesivas pruebas y errores- diversas formaciones del mencionado e ineludible PODER, desarrollando sucesivos modelos de organización socio-política progresivamente más eficaces en relación con el fin perseguido (cagar una buena mierda), y hacer que tales modelos resultaran cada vez menos onerosos a la voluntad y libre albedrío de los individuos. El resultado, hasta ahora, a la vista está. A partir de los colectivos de humanos se han ido conformando los distintos agrupamientos: tribus, reinos, naciones, pueblos, estados. etc. y, con ellos, fórmulas o modelos de gobernación y ejercicio del poder cada vez más eficientes.
Pues bien, la última palabra en modelos de organización socio-política es al parecer la democracia del modo que modernamente[5] se institucionaliza y funciona actualmente en la mayoría de los estados, según el cual, individualmente, las personas mayores de edad se convierten, libre y voluntariamente, en cómplices del Poder que es decidido y decide por mayoría lo que todos y cada uno pueden y no pueden hacer y al que habrán de someterse solemne y soberanamente. Esto está muy bien, “a quién Dios se lo dé, que San Pedro se lo bendiga” y trae a mi cabeza el chiste de los dos tonticos que uno le pregunta al otro: ¿qué prefieres, susto o muerte? y, a continuación, le hace ¡¡uuuuuuuuuuuu!!, asustado el segundo, exclama: ¡uy, qué susto!, y, el primero encogiéndose de hombros, le dice: ¡ah, pues hubieras elegido muerte!... Algo así es lo que nos pasa con esto de la democracia y últimamente, al ser éste año bisiesto, los españoles tenemos pruebas muy elocuentes de cómo va la cosa.
Esta misma mañana he leído el titular de primera del diario[6] que frecuento: “Zapatero tumba a Rajoy” y alarmado, pensando que podía tratarse se otra nefasta manifestación de la “violencia de género”, enseguida he descubierto que no, simplemente se trataba de que, en el debate ante cien canales de TV difundido a los cuatro vientos, el señor ZP ha ganado al señor Rajoy -menos mal, me dije a mí mismo- aunque seguí en la duda de cuáles eran las ganancias obtenidas en lo cualitativo ya que, en lo cuantitativo, estaban claramente especificadas con el correspondiente gráfico (53 frente a 38) y, en dicho orden del quantum, permanecía en mí, únicamente, la duda de quién se llevaba la ganancia de los 9 goles atribuidos al Sr. Nosabe Nocontesta. Pero bueno, para auto-tranquilizarme pensé que esta mañana andaba menos lúcido o más atontolinado de lo habitual, lo cual resultaba lógico en tanto que, como un tonto, anoche me pasé dos horas ante el televisor dando cabezadas y tratando de saber quién de los dos candidatos decía más veces lo de “y-de-eso-yo-más” para poder hacer el balance y con ello adquirir una noción clara y objetiva de a quién debería votar el próximo domingo. Mi grado o nivel de aturdimiento y pereza mental debía ser de tal magnitud que, al llegar a la última página del citado diario, aún no era capaz de interpretar el sentido de la esclarecedora columna de Rosa Montero -que venía en ayuda de mis deterioradas neuronas- titulada “La política” y en la que afirma que Rosa Aguilar le había venido a decir que “es casi imposible montar un partido nuevo” aún cuando IU le parece un disparate -a la Montero-, y el esfuerzo de Rosa Diez por sacar adelante una nueva opción electoral, denodado. Pues estamos buenos, me dije.
Pero me seguía preguntando ¿y a quién voto? Hasta que, por fin, antes de darme por vencido y abandonar el periódico, leí en grandes letras algo que podía serme verdaderamente esclarecedor: “Me considero una feminista femenina” que es, por lo visto, lo que afirma nada menos que Nadine Rothschild, la cual, desde que tenía 14 años y empezó a trabajar, “deseaba conocer hombres de poder y no hay nada de malo en ello”. ¡Albricias!, ¡Eureka!, caí en la cuenta, ésta si que lo tiene claro, ¡tonto de mí! No se trata de ver y oír los debates, sino de “conocer a los hombres de poder”, pero, claro, para eso habría de saberse quiénes son “los hombres de Poder”, ya que, tal vez, no son los que debaten en la tele y, al menos Nadine -que entonces era una chavala preciosa que alternaba con B.B. sin desmerecer- conoció a un tal Rothschild y se casó con él. ¿Habremos de llegar a tanto, cada cuatro años, los ciudadanos normales?
No es que yo esté en contra de la democracia, ¡Dios me libre!, es que no la soporto. Ahora bien, el modelo tiende a perfeccionarse tela marinera. Tiempo al tiempo. En este país, no hace ni siquiera cuarenta años, estábamos saliendo de un régimen mucho peor y todavía estamos rodando el sistema democrático. Los “yanquis” son los que de verdad saben lo que es la verdadera democracia y ahora mismo, casi en directo gracias a los mass-media ultramodernos, estamos asistiendo al interesantísimo show democrático de elección del candidato demócrata a la competición del año próximo por la presidencia democrática de EE.UU. y todo el mundo, hasta el más tonto, puede darse cuenta de que aquellos sí que son debates con contenido ideológico profundo y con la gracia añadida de que los montan, primariamente[7], entre correligionarios -¡qué bella palabra!- por el mero afán cívico de demostrar ante el electorado quién es el más capaz de derrotar a los republicanos que, como los españoles sabemos muy bien desde 1939, son los malos de la película.
¡Los americanos sí que lo tienen claro!, me digo. De ese modo, los demócratas de todo el mundo ganaremos las elecciones americanas, bien sea a damas o a negras, y la economía global saldrá de una vez a flote sin tener que apelar a los antiestéticos ataques con misiles contra los malvados hijos de Alá, ¡Qué felices vamos a ser!, ¡Ésta vez sí que vamos a hacer una buena cagada!
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* Debemos la inspiración del título y en parte del contenido a Agustín Garcia Calvo, del que recientemente se ha publicado una entrevista en la nueva revista “Madriz”.
[1] La estructura tensa, inestable y cargada de potencial energético de las materias ingeridas da origen a un compuesto estable con mayor entropía, que casi carece de potencial energético excepto en la proporción gaseosa que contiene.
[2] En el símil o parábola, ésta es la vez de los “países en vías de desarrollo”.
[3] ¡Organización! es lo que reclamaba desesperadamente aquel del chiste que, habiendo invitado a su fiesta a un par de amigos y a una docena de amigas, aquella misma tarde-noche, ya le habían dao po´l culo seis veces.
[4] En el caso de lo alimenticio, por lo visto, son las encimas quienes ostentan el poder factual que controla el proceso.
[5] En mi opinión, esta “democracia moderna” no tiene nada que ver, salvo el nombre, con su homónimo modelo remoto y en consecuencia menos aquilatado, de la Antigüedad.
[6] El País, 4 de Marzo de 2008.
[7] No como la Esperanza y el Alberto.
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