domingo, 18 de enero de 2009

Teresa de Sayago

En la Salamanca de los pasados años 50 había un ambiente muy confuso de represión política y cultural con la que convivía cierta aparente libertad y relajo en algunos aspectos tales como el del puteo. Por los alrededores del Barrio Chino, situado en pleno centro de la ciudad, al lado de la Clerecía, la Plaza Mayor, las Facultades y los Colegios Mayores, abundaban las putas irradiando su voluptuosa alegría al juvenil cachondeo de los estudiantes de tan ilustre Universidad como pazguata que, estrecha de miras y arcaizante, había empezado a desbordarse de chicos y chicas, bastantes de ellos ya de clase media-baja, venidos de cualquier provincia del entorno que, con cien duros al mes, vivían en pensiones de mala muerte tan dispuestos a estudiar lo imprescindible como a divertirse todo lo que pudieran pues, semejante renta mensual bien administrada -más o menos lo que 50 años después vino a ser unos tres euros- podía dar para todo y, milagrosamente, la mayoría no se privaba de nada, salvo de comer caliente algunos días.

Por aquel entonces, entre los estudiantes era famosa una chica muy guapa que, desde hacía cuatro o cinco se matriculaba todos los años en la Facultad de Filosofía y Letras que apenas pisaba sino para hacer los trámites de matriculación y presentarse a algún que otro examen. A cualquier hora del día o de la noche se la podía encontrar uno alternando, dicharachera o francamente borracha, en bodegas y tabernas de chateo o en terrazas y cafeterías de postín, rodeada de amigos estudiantes o de ricos ganaderos, señoriítos de la localidad o estudiantes con pasta, en alegre relajo, pero siempre bonita, locuaz y bien educada.

Una tarde después de comer, tuve la suerte de coincidir con ella raramente sola en un bar y la invité al típico café sólo y copa de coñac -lo que ahora decimos un brandy- y pude charlar con ella tan campechanamente como solía hacer con todo el mundo… me decía:
... mira majo, es la pura verdad, soy una mística rara, fuera de contexto... y de convento, claro... una extraña fulana que labora sus talentos y que además se divierte ganándose bien la vida... sí hijo, sí, me dan arrebatos místicos y con lírico delirio ya no lo puedo evitar, me entrego con todo el alma...

De todos era sabido que, si le caías bien, invitándola a unos vinos y dándole un rato de charla, se iba contigo a la cama por unas pocas pesetas, pero había que dejar que la chica se explayara y escuchar la alegre chanza con la que ella se mofaba de sí misma, al tiempo que enhebraba sus enredos...
... soy, como quien dice, divina en lo más humano y muy humana en lo divino... me gusta leer los versos de San Juan y de Sor Inés de la Cruz, Santa Teresa... morir de amor, vivir en la eterna luz, gozar del divino resplandor y por eso, gracias a Dios, muchos me tienen una gran devoción, pues, como suelo decir:
” Si el fuego del amor penetra en mí
y con ardor abrasa mis entrañas
me consumo en polvo de cenizas
esparcido alegre sobre las holandas”

Mª Teresa Osorio, que era su verdadero nombre, había venido a estudiar a Salamanca, procedente de un pueblo de la región de Sayago, en la vecina provincia de Zamora, sin más recursos que aquellos que ella misma se agenciaba y vivía de su cuerpo al tiempo que lo disfrutaba, jamás lo negaba y a veces lo pregonaba, diciendo con mucha gracia:
“Al consumar el goce del amado,
llegado ha al fondo y amagado
gimo retozante, enardecida
cual yunque de amor forjado,
apacible lo mezo en lo sagrado
fugaz y eternamente bendecido
con ayes de placer, reconfortado”

... en ocasiones me pasa que, cuando tengo una buena racha, me vuelvo como loca de entusiasmo y, si...
“En lo que llevo de tarde, se lo hice y me lo hicieron
cuatro tíos bien templados, pimpantes y campechanos,
para que el mundo se entere y lo celebre conmigo,
¡pos luego, más faltaría!, siento ganas de reír, cantar
y salir gritando... pero he de seguir currando”...

Hablar con aquella mujer y oírle decir éstas cosas, era una pura gozada... parafraseando archiconocidos versos unas veces y otras improvisando rimas harmoniosas con sus formas y maneras, todo lo que decía o mostraba era pura poesía:
“Vivo sin vivir en mí,
tan hoyada y satisfecha,
que gimo porque no gimo
con esa recia que espero”

Siempre gozosa y hablando, en el fondo, siempre de sí misma y de lo suyo, decía:... no te creas que lo hago sólo por ganar dinero, a veces me sale del alma darme y decir:
” No me mueve, mi amor, para quererte,
la pasta que me tienes prometida,
ni ese espléndido delirio, tan divino,
que truena por rasgarme las entrañas.
Muéveme, con el brillo y al calor de tu corbata,
el beso que, sin quitártela apenas, tan goloso
has consumado en mi antro más villano,
asaz ciego y perfumado con aromas de fabada”


... los que me conocen saben que me derrito de gozo cuando arremeten bravos a hocicar el descosido que ofrezco a su devoción, pues me chifla que me besen en el nimbo violeta donde se abre proceloso el efugio inapropiado y cuando tal acontece, no se lo voy a cobrar aparte, al contrario, les animo...
” Amor mío, te lo ofrezco plena de nalgas abierta
y si ahí te despacharas ¡¡dulce vía, feliz canto!!,
justo será que redundes el alivio cortesano
que ya me tienes pagado, en el cauce consagrado”

... me gusta ser generosa y me va bastante bien… disfruto de que disfruten de la humilde condición de mi carne pecadora pues, como suelo decir, y perdona tanto ripio:
“De amores lo tengo ya tan servido
que Dios me librará de su castigo,
si el Infierno que tengo merecido
teme que arda por mi ardor sagrado.
Apagándome la hoguera con sus alas,
un ángel me provea eterna dicha,
y evite que en cenizas se convierta,
por culpa de mi amor, el propio Cielo”

Intercalando honestas proposiciones de llevarme a la cama a cambio de unas pesetas, iba dejando caer alegremente tan sabrosas palabras y, más que por el dinero, parecía que lo hacía por desahogar su pasión de jovencita inmaculada o de mujer viciosa apenas sin estrenar -“dulce vía, feliz canto”- con femenina jactancia haciendo flotar la melena sobre su grácil figura -ni ampulosa ni muy plana- que la hacía irresistible...

... jamás pongo freno a los delirios de mis amantes y, a veces, alocada y sin pensarlo, hasta me excedo ofreciendo los arribes más perversos a mi cuerpo entusiasmado, sin contar con los posibles que disponga el visitante tras un lance prolongado... y luego yo me arrepiento de mi febril osadía...
“Si mi lado proceloso inoportuna le ofrezco,
al momento, percatada, recelo y me atormento
por el amargo penar que injusta provocaría
si la daga del amado, privada ya de su aliento,
no lograra penetrar en la pérfida angostura”

... yo, chico, me considero una puta muy honesta... lo que soy, de buenos sentimientos pero me pierde la lujuria y si el azar me depara un ejemplar singular, de esos raros bien dotados, me dan ganas de decirle y con fervor se lo digo:
“Divino labrador que de mis lamas cuidas
y con deleitoso arado mi surco reverdeces,
ahonda más profundo la tierra agradecida,
que una vez la reja hincada, las nueces han de llegar
y abundante será el fruto en mi anchuroso lagar”

... pero no creas, también les invito a que mediten en la verdad y lo falso de mi vida puñetera, no vaya a ser que confundan el amor con la lascivia y me dejen con las ganas... cuando los veo venir que se les viene deprisa, a veces, seria, les digo:
“No os concentréis pertinaz en mis externos encantos,
son como rosas abiertas e igual de perecederos.
De mi alma sonrosada descubrid lo placentero
y su perfil harmonioso que por ventura a Dios debo
No hace falta tener prisa, ¡moderaos y aguantad!,
pues de ahí ha de brotar, compartida feliz dicha
si mujer al fin coqueta, casquivana y caprichosa,
puedo llegar a la par, en gracia a lo que os debo”


... en cierta ocasión con uno que andaba ya impaciente por meterla y desde hacia un buen rato me veía felizmente perniabierta aposentada, mas, sin podérmela colar, contagiado de lirismo me conminó de esta guisa:
“Dulce morada que al amor convocas
en venturosa cárcel prisionera,
no provoques mi alma misionera
que ardorosa de fe está impaciente,
si la bella sobre ella aposentada,
piensa seguir así, eternamente...
Es imposible, ¡joder!, así, tan re-con-co-ña-da...”

...en fin, me pierde la lírica... tal vez sea que nací, o al menos eso me han dicho, en las tierras legendarias que a los romanos negó aquel invicto pastor que se llamaba Viriato
[1]. No muy lejos del lugar del reino de Doña Urraca por testada voluntad de la chochez de su padre, que quebró por su capricho lo que después vino a ser, Dios se lo haya perdonado, eterna unidad de España y mil romances forjó... y, tal como te decía:
“Ardo en deseo de amor
y mojado tengo el bicho,
de almíbar con tanto dicho
se me anegó el corredor”

Al fin logró su propósito y me llevó a la pensión “de transeúntes” que ella acostumbraba para tales menesteres, mas no por eso cejó en seguir encajándome sus alegres ripios con picante desparpajo... y, ya en el cuarto, a punto de inmolarnos en la causa, se incorporó de repente y de modo muy apremiante me propuso:
... corazón: tal cómo estás, en pelotas y ahora mismo,
ven conmigo al cuarto-baño, ¿no ves que he de asearme?,
a ver si te animas, ¡coño!, y en él me doy por besada...
... me lo vas a enjabonar y a remojo vas a ver lo bien que yo me lo cuido…

Llegados al cuarto de baño, Teresa como asustada, lanzó un grito de terror:
¡Cielos!... ¡un consolador rosado!...
¿quién pondría en mi bañera este invento de Satán?...

Una chica como yo, que de místico amor muere,
por muy sobada que esté, no debe ser provocada
con tales figuraciones de instrumento de varón...

... siendo como soy doncella, si imprudente yo lo usara,
la doncellez perdería y es seguro, de inmediato,
que sin jalarme un colín mi virgo trizas se haría... Mira tú, ¡vaya putada!...

… pues, luego que está rasgado, es difícil de saber
para el que venga después, si fue por jugar un poco
con éste maldito invento o por holgar con varón,

cienes y cienes de veces…

… yo paso de meter nada y gozo con la puntita,
que me acaricien las nalgas y eyaculen en las tetas,
pero el coño es un sagrado que puro y jamás hollado
he de llevar al altar... ¿lo comprendes, corazón?

Cualquier cosa se podía esperar de la graciosa picardía de aquella moza y me asusté: “mira tú qué si es verdad y no se deja meter”... mas enseguida, la muy ladina, me sacó de mi duda existencial largándome una sonrisa y añadiendo:
“Así lo pensaba yo cuando era jovencita, sin saber
el poco aprecio que más tarde harían de él
aquellos que te desvirgan e ignorando, como niña,
que cuanto más lo refriegan más lucido se te pone...
... seguro de que es por eso que lo tengo ya tan bien,
tantas lenguas ha “a-prendido” que políglota ha de ser
y más lozano se ha puesto que el sol al nacer el alba…”

Me apresuré a saborear el delicioso bocado que se me ofrecía y escuché:
… me encanta que de esta forma, vengan y me lo disfruten...
pero hay muchos que se cansan de hacerle tantos festejos
y como tontos desertan corridos y satisfechos,
dejando que, si se tercia, venga otro a consolarlo
poniéndose en su lugar, a disfrutar de la prenda...

Entendí la indirecta que, curándose en salud, me estaba largando por si acaso yo era de esos que se van de farolillo, mucho antes de cumplir, y no la fuera a dejar sin intentarlo de nuevo, tal vez pagando de nuevo o sólo por complacerla...
... yo es qué no entiendo a los hombres cuando de putas se van,
será para estar con putas, ¡digo yo!, ¿o no es verdad?...
... algunos te dan la pasta, te la enchufan una miaja
y nada más que les viene, a todo correr se van…
… siempre con la misma excusa: “qué no puedo darte más”...
¡como si el dinero fuera en amor lo principal!...

... si se han ligado a una hembra, verbi gracia, como yo,
¡velahí!, ¿a qué vienen tantas prisas?
… ¿es qué, si cobras, no tienes ya derecho a disfrutar?,
¡pues, no faltaría más!... algunos son muy cabrones...

... una, como es natural, necesita de un buen trote
aunque pueda presumir que vendrá otro enseguida…

… y una, quiere quedar bien con todo el que se lo tienta...
y te dejan con las ganas por otros dos duros más...

supongo que no eres de esos...

Me imaginé que lo decía por dar cuenta de aquel moderno instrumento, para mí desconocido hasta entonces, con que jugaba mientras yo me reponía y por sacarme más pasta, me decía:
“Una chica cuidadosa que está ávida de amor y lo hace con esmero,
debe tener siempre a mano un moderno vibrador de estos de importación,
para llenarse el vacío y abajarse el subidón que le deja el desertor
por si no hubiera vicario... y se puta para eso, ¡qué Dios te lo pagará!...


¡Que chica más alocada!... me sacó cuarenta duros que, en aquellos tiempos, eran todo un dineral pero nunca podré olvidarla...
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[1] Nota del transcriptor: según la tradición, al parecer, Viriato era lusitano, de Sayago (Zamora)

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