Terminé mi último “mini-manifiesto subnormal”, del 13/01/09, con la afirmación categórica de que “la solidaridad universal no es ya, sólo, un principio moral, sino una necesidad (manifiesta, añado ahora) del Sistema Económico (único y global, añado también ahora)” y hoy, 21/01/09, sólo ocho días después, tras leer atentamente el discurso de Barack Obama en su toma de posesión del cargo de Presidente de EE.UU., me congratulo al leer en su mensaje[1]: “... a los habitantes de los países pobres: nos comprometemos a trabajar a vuestro lado para conseguir que vuestras granjas florezcan y fluyan las aguas potables para dar de comer a los cuerpos desnutridos y saciar las mentes sedientas. Y a esas naciones que, como la nuestra, disfrutan de una relativa riqueza, les decimos que no podemos seguir mostrando indiferencia ante el sufrimiento que existe más allá de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos mundiales sin tener en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado y nosotros debemos cambiar con él...”
Ciertamente no debe fiarse uno mucho de las “palabras de los políticos”, pero éste es un claro reconocimiento de la necesidad actual de instaurar, sin dilación, un orden internacional solidario en lo económico, y firme, solvente y tolerante en lo moral. Bien está que la armadura de gobernación de cada uno de los estados nacionales existentes continúe en su labor de procurar bienestar al colectivo de ciudadanos al que representan -aquellos cuya mayoría le ha votado- pero, hoy día, cuando el “mercado global” está demostrando su incapacidad de absorber y distribuir el potencial de producción de bienes que se ha alcanzado mundialmente, resulta evidente que no será porque en el mundo falten bocas que alimentar, viviendas dignas por construir o medios de transporte para que la gente se desplace y no cargue con pesos excesivos; sino por la incapacidad del Sistema para hacer llegar oportunamente los recursos financieros que precisan determinados segmentos de “demanda potencial” que tienen muchas necesidades por cubrir. Mas, ¿quién encabeza el ordenamiento de las finanzas mundiales? Son precisamente los gobiernos nacionales o plurinacionales a través de los correspondientes Bancos Emisores los que ordenan el encauzamiento del dinero que “crean” con criterios nacionales, es decir, no solidarios con las necesidades del resto del mundo (“sálvese quién pueda”, como es inherente al Sistema).
Por otra parte, pienso que va bien encaminado Obama, al decir:[2] “La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro Gobierno interviene demasiado o demasiado poco... Tampoco nos planteamos si el mercado es una fuerza positiva o negativa. Su capacidad de generar riqueza y extender la libertad no tiene igual, pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede descontrolarse, y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando sólo favorece a los que ya son prósperos...” y, digo yo, el Planeta tampoco puede prosperar así, pero, ¿quién es capaz de poner el “ojo atento” sobre el “mercado financiero global”? Todo el mundo parece ahora reconocer que, en pasados tiempos y en dicho mercado, se han acometido auténticas locuras de ambición, codicia y prepotencia, ¿quién nos dice que ahora no se siguen y seguirán acometiendo? Ahora bien, para evitarlo, ¿bastará con que EE.UU. controle mejor su propio mercado financiero? Aunque reconozcamos que un mayor y mejor control del mercado financiero sobre el ámbito del dólar resultaría decisivo, resulta fácil intuir que no sería suficiente. Las divisas fluyen y se intercambian en nuestro mundo por cauces y de formas absolutamente incontrolables, amparadas por las nuevas tecnologías y los ámbitos y modos de control o permisividad de las soberanías estatales.
Es por ello que, reuniendo ahora las ideas de “necesidad urgente de un control financiero global” y de la “instauración del principio ineludible de solidaridad económica internacional”, se llegue fácilmente a la razonable conveniencia de institucionalizar una “Autoridad Económica Global”, correlativa al “Mercado Global” ya instaurado y en progreso, que avance hacia el logro de tres objetivos fundamentales:
- Acabar a corto plazo con la miseria[3] en el mundo, esté donde esté, ya que también la hay en los países ricos.
- Controlar la oferta monetaria mundial y las “prácticas imprudentes” de los agentes en los mercados financieros.
- Estabilizar la economía global y acabar con las crisis periódicas facilitando a los países que se alineen con las “reglas de juego que se establezcan”[4], recursos financieros suficientes de acuerdo con sus necesidades coyunturales y no con criterios de garantía, rentabilidad y solvencia como hace ahora el Banco Mundial.
Como una buena parte de la opinión pública mundial, creo (es un acto de fe) que Barack Obama está animado por la voluntad de llevar a la práctica sus mensajes de colaboración, concordia y solidaridad universal mas, si lo intentara, no le resultaría fácil convencer a los senadores de su país y a los dirigentes europeos de que una sólida alianza Dólar-Euro, susceptible de ser puesta en manos de una Autoridad Económica Mundial democráticamente controlada, podría ser un paso decisivo para constituir a medio plazo un Banco Emisor Mundial de una “nueva moneda” nacida con la pretensión de convertirse en universal a medida que los países decidieran democráticamente adoptarla como propia y, sin que pueda considerarse utópico aunque sería muy difícil de conseguir, ésta sería la única forma de dotar a la señalada Autoridad Económica Mundial del poder fáctico necesario para alcanzar los objetivos antes señalados ¿Qué mayor “compromiso de solidaridad” de los estados que la libre cesión de su soberanía monetaria[5] como principal palanca tradicional, con la fiscal, de la política económica de los gobiernos desde la época de los Reyes Católicos o tal vez antes?
Quizá ésta no sea la fórmula práctica que se adopte políticamente en el corto plazo pero, a largo plazo, algo muy parecido habrá de procurarse so pena de dejar que siga siendo el “egoísmo suicida” el único motor de la actividad económica de los poderes fácticos establecidos frente a la superpoblación mundial, su secuela de marginados y la sobrecapacidad productiva alcanzada con las modernas tecnologías presionando (quítate tú para que me ponga yo) por verse realizada en los mercados. ¡Ea, a por una Moneda Única Mundial, señor Obama!
__________________________________________[1] Tomo las citas de la traducción de Mª Luisa Rodríguez Tapia publicada por el diario “El País”
[2] Del mismo discurso citado
[3] Cuando digo miseria me refiero también a la que produce el paro masivo sin cobertura de susidios suficientes y la destrucción de riqueza de las clases medias emergentes.
[4] Naturalmente, esto de “las reglas de juego que se establecieran” daría mucho que hablar y discutir, mas cosas más difíciles se han hecho
[5] Esto, pienso yo, sería mucho más efectivo que el conocido 0,7% que propugna alguna ONG

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