-Mini-manifiesto subnormal XXXVIII- 13 de Enero 2009, por Jesús Cabrera
Pues claro, naturalmente, si no se puede vender (dentro o fuera) lo que producimos habitualmente para mantener y aumentar si es posible la actividad económica y el empleo de nuestro país, habrá que regalarlo para seguir currando, produciendo y viviendo. Dicho de forma algo más matizada: si no se puede realizar con un cierto margen de beneficio la producción de lo que producimos al nivel necesario para que sean utilizados los recursos disponibles (léase: fuerza de trabajo disponible), será preciso arbitrar cauces de realización al margen del mercado, digamos, normal, es decir, en un pseudo-mercado subvencionado capaz de operar con márgenes negativos, o bien, “sobre-demandado” a base de gasto e inversión pública (por encima de lo acostumbrado y de la prudencia presupuestaria) o haciendo transferencias fiscales de poder adquisitivo, pero ¿quién habrá de soportar tales pérdidas y despilfarros? La cosa es de cajón: el Estado. Y, ¿cómo habrá de financiar el Estado tal operación? Me parece que, de momento, no cabe otra respuesta: con “endeudamiento público” consecuencia del “déficit presupuestario” en que cada gobierno habrá de incurrir. Bueno, pues esto tan sencillo, hay algunos que todavía no lo tienen claro y siguen hablando del “déficit” como de una calamidad sobrevenida, añadida, a la “crisis”, ¡será posible!
La señora Merkel ha accedido a regañadientes a adoptar el segundo paquete de medidas anti-cíclicas que la Economía Alemana (principal motor de la Europea) estaba demandando y, ¡por fin!, la Autoridad Comunitaria anuncia que no aplicará sanciones a los Estados Miembros que sobrepasen el tope de “déficit” establecido (3% del PIB). Por otra parte, en estos días, se espera que el Banco emisor del Euro se decida a anunciar su alineamiento con EE. UU. y Japón dispuestos ya, entre otros, a inyectar liquidez al sistema, sin cobrar intereses prácticamente. Lo malo es que, a pesar de todo, se teme que el paro mundial siga aumentando y la actividad económica continúe desacelerándose, pues no aparecen por ninguna parte señales que anuncien la reactivación, lo cual es tanto como decir que la crisis continuará ahondando en el calamitoso proceso de recesión, costes sociales, sangre, sudor y lágrimas para conseguir el “pan nuestro de cada día”: ¿hasta dónde?, ¿hasta cuándo?
No me gusta ser agorero, pero veo muchas resistencias de opinión en asumir que, ésta vez, no se trata sólo, como se viene haciendo desde la Gran Depresión, de capear el temporal con políticas nacionales anti-cíclicas (keynesianas, para entendernos con pocas palabras) basadas en última instancia en el venerable y vetusto modelo egipcio de “años de vacas gordas y años de vacas flacas” Durante los ochenta años transcurridos desde 1929 ha habido de todo y, con todo, la producción mundial ha crecido hasta niveles impensables, permitiendo dar “pan con mantequilla” a más 3.000 millones de seres humanos, “pan a secas” a otros 1.500 millones más o menos, lo cual no está nada mal, y no se ha podido evitar dar “miseria” a los restantes 2.500 millones de personas que pueblan el Planeta[1]. Mas, entre tanto, el Mundo se ha “globalizado” y, en mi opinión para bien, salvo en que ya no podemos seguir desplazando nuestros problemas y altibajos económicos nacionales más allá de las fronteras de los países desarrollados. Ahora, la “sobreproducción” se percibe y afecta al orbe entero -hasta los pobres producen demasiado, al parecer más de lo que pueden consumir, y tienen excedentes de mano de obra (gente que quiere, necesita y demanda trabajar para vivir) hasta en la India, China, Argentina, Brasil, Sudáfrica, etc.
Está muy bien que los países más poderosos en “renta per cápita” traten de apagar el fuego de la crisis con políticas anti-cíclicas coyunturales del corte de las que se están aplicando -aunque, ya digo, a veces a regañadientes- pero a estas alturas debería estar claro, viendo la evolución de ésta (destapada hace ya año y medio y sin visos de parar en el proceso de destrucción del tejido productivo global) que se precisa de “acciones universales de solidaridad y gobierno” para evitar el progresivo deterioro del sistema productivo hasta niveles tan incalculables como eran hace 50 años los progresos favorables que hemos vivido.
Mi tesis es que estamos definitivamente ante un problema de “sobreproducción” a escala mundial, aun cuando queda en el Mundo un buen trecho de demanda potencial insolvente que permitiría absorber los excedentes producidos, sin mayor problema, en tanto se arbitrara el modo de convertir dicha demanda en solvente y efectiva, mediante un sistema financiero mundial generoso y solidario. Por el contrario, creo que con políticas de “sálvese quien pueda” intentando salir de la crisis y emprendiendo cada Estado o Área Regional una lucha competitiva por los mercados tras-fronterizos solventes y rentables; sólo se puede llegar a un permanente deterioro de todos respecto de la situación que tan brillantemente[2] se ha alcanzado en los últimos tiempos. En resumen, ahora debería tratarse (a más de salir de la crisis) de mantener los estándares de bienestar alcanzados en los países ricos, encontrando salida para el producto de nuestra actividad económica mantenida con políticas redistribuidoras de la renta (no digo incrementando “sine die” el PIB) en provecho del aumento de las oportunidades de desarrollo equilibrado en los países más pobres o menos ricos.
Se me dirá que ¿cómo se hace esto? y, tras reconocer que no es nada fácil, por supuesto, pienso que un primer paso podría ser que alguien con el suficiente peso político e influencia a nivel mundial (por ejemplo: Obama) planteara en la ONU la “hoja de ruta” para trasformar el Banco Mundial en Banco Emisor -de una “moneda universal única”- al que progresivamente los países fueran cediendo su soberanía monetaria (empezando por un núcleo inicial formado, por ejemplo, por los Estados de la Zona Euro con EE.UU.), hasta constituir una Autoridad Monetaria Universal capaz de regular y administrar, con criterios de solidaridad, la “oferta monetaria global” conveniente y adecuada, no sólo para cubrir equilibradamente las necesidades coyunturales del tráfico comercial, sino para financiar, con trato de favor, el desarrollo de los países más desfavorecidos que democráticamente decidieran adoptar dicha “moneda única” y adherirse al sistema y a las reglas de juego. Piénsese en las ventajas e inconvenientes del proceso de creación del Euro como modelo de referencia si se quiere, pero lo importante, en mi opinión, es que únicamente con medidas universales de semejante calado, que apunten a la implementación de una especie de “Estado de Bienestar Universal”, saldremos de ésta, que tiene toda la pinta de que va a convertirse de “crisis coyuntural” en “depresión endémica y tristísima”.
Creo que con el anuncio de "algo así", comprometido y serio[3], bastaría para despertar la reactivación económica global deseada que no se está logrando con las importantes medidas nacionales anti-crisis adoptadas por los gobiernos más poderosos. De lo contrario, habremos de esperar a que la tensión internacional y las penurias económicas -y quizá también de otro tipo[4]- crezcan lo suficiente para enterarnos de que la “solidaridad universal” no es ya, sólo, un principio moral, sino una necesidad del Sistema Económico. ¡A la fuerza ahorcan!
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[1] El problema de la super-población es harina de otro costal que habría de tratarse aparte.
[2] Lo digo sin coña, refiriéndome únicamente al punto de vista económico y de forma global.
[3] Con todo el aparato diplomático de acuerdos internacionales y compromisos que habría de traer consigo.
[4] No hace falta decir, está en la mente de todos, lo que costó la Gran Depresión en términos de conflictos y enfrentamientos bélicos y sufrimientos físicos, morales y económicos.
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