-Mini-manifiesto subnormal XXVIII- Abril 2008, por Jesús C.
“Por más egoísta que se pueda suponer al hombre,
existen evidentemente en su naturaleza algunos
principios que lo mueven a interesarse por la suerte
de otros y a hacer que la felicidad de éstos le resulte
necesaria, aunque no derive de ella nada más que
el placer de contemplarla”
Adam Smith
“Teoría de los sentimientos morales”
¿Será posible qué todavía no nos hayamos dado cuenta? ¡Ea, seamos capaces de cuestionar lo que fue siempre incuestionable!: ¿Tal vez no es cierto que el edificio de la Economía Liberal y de la Ciencia Económica en general, está construido sobre el “principio de necesidad o escasez”? Pues, siendo así, reconozcamos que dicho principio se ha esfumado y reclamemos que la tal ciencia y sus orientaciones de las actuaciones económicas colectivas se revise a la vista del valor que el PIB “per capita” del Planeta ha alcanzado en los últimos años -a pesar de la inmensa cantidad de recursos desocupados o mal ocupados que existen- y preguntémonos: ¿De qué escasez estamos hablando?
Está muy claro, al menos para mí, que el imperativo de: ganaréis el pan con el sudor de vuestras frentes, ya puede ser reemplazado por un vocativo o voluntarioso: produzcamos un mínimo suficiente para todos, con relativo poco esfuerzo, utilizando ampliamente las tecnologías que ya hemos desarrollado ¡Es posible! Lo es desde el punto de vista de la cantidad de producción y recursos disponibles. Lo es, contando con la utilización generalizada de las tecnologías ya desarrolladas y así lo cantan -aunque sólo sea, ciertamente, desde hace muy pocos años- las Contabilidades Nacionales agregadas del Mundo. Mas, es imposible lograrlo con la Organización Político-Social del Poder que ordena y dirige actualmente el Planeta y sus parcelas.
Advirtamos de inmediato que no ponemos en duda la eficacia del llamado “Sistema capitalista”, por el contrario, afirmamos que gracias a él se ha desarrollado de tal modo la producción de bienes y servicios útiles[1] para atender las necesidades humanas, especialmente en los últimos dos o tres siglos, que, con ello, la Humanidad está, ahora y por fin, en condiciones de culminar la larga etapa de miseria, sacrificios y esfuerzos de todo tipo que le fue ineludible auto-imponerse para librarse, a la larga[2], del tópico de la escasez, obligando a los hombres y mujeres a trabajar deslomándose en jornadas agotadoras -cargando con pesos al límite de sus fuerzas y desplazándose sobre sus pies en largas caminatas-, sólo para conseguir, escasamente y no todos, el sustento mínimo y unas muy precarias defensas (ropas y viviendas) contra las inclemencias del clima, así como, unas muy infrecuentes oportunidades de holgar placenteramente y gozar de la vida. Tampoco estamos reformulando la vieja tesis marxista del relevo del Sistema Capitalista por un Nuevo Sistema que supere las contradicciones de aquel. Se entenderá fácilmente que no sería razonable, ni necesario, desmontar torpemente[3] el Sistema Capitalista que tan buenos frutos ha dado y puede seguir dando, y únicamente se trataría de matizarlo, enmarcándolo en un Orden Político Universal, ad hoc[4], a fin de lograr a medio plazo -un par de décadas podrían ser suficientes- el orden económico capaz de brindar a todos los humanos oportunidades suficientes de ganarse la vida en condiciones dignas no contingentes (esto es, aseguradas o garantizadas), erradicando así la miseria. No es una utopía. En los países más desarrollados y especialmente en Europa -durante la segunda mitad del siglo XX y limitado al ámbito competencial de los respectivos Estados- se ha puesto muy en evidencia que, hacer algo parecido a lo que decimos, no ha perturbado en nada el funcionamiento del Sistema capitalista, sino al contrario -por mucho que los “Chicago boys” insistan en negarlo-, el “Estado de Bienestar” ha generado mecanismos de acción económico-pública “anti-cíclica” que han resultado eficaces para atenuar los devastadores efectos de las “crisis periódicas” inherentes al funcionamiento del Sistema, aportando estabilidad al mismo, tanto desde el lado de la “oferta”, como desde el de la “demanda”.
Se dirá que, en un marco semejante de no-escasez, la gente carecería de acicate para trabajar y el Sistema no podría funcionar, objeción ésta que, “in extremis”, se acepta ampliamente y aquí también, mas, no se trata de llegar a tales extremos. Las necesidades de la gente son relativas y ampliables “ad infinitum”, por lo que, sin distorsionar el funcionamiento del Sistema, se podría “asegurar”[5], públicamente, a todas las personas del Mundo, la contingencia de no cobertura financiera de sus necesidades elementales mínimas con sus propios recursos. ¿Cuánto podría costar esto? Entendemos que, sólo, el esfuerzo y la voluntad política de organizarlo y hacerlo, ya que, en términos de dinero, estamos hablando de una cantidad relativamente exigua. Lo malo o lo difícil es que, para ello, sería necesario, nada más y nada menos, construir un orden político democrático global que condicionara la elección de los mandatarios gobernantes a la proporción de votos obtenida de los “ciudadanos del mundo”.
Para acabar a medio plazo con la miseria en todas las partes (no sólo en el “tercer mundo” pues también la hay en “el primero”), la tarea pública que debería ser acuciantemente prioritaria, no puede ser abordada por el orden político establecido de Estados necesariamente antagónicos[6] entre sí, y con el modo democrático de elección de sus respectivos mandatarios que los conduce, ineludiblemente, a la defensa a ultranza de los intereses del colectivo estatal que los elige al margen de cualquier pretensión verbal de Solidaridad Universal. Por ejemplo, véase la cuestión de las migraciones, ¿cómo puede esperarse de cualquier Gobierno que, en beneficio del interés colectivo universal, deje de controlar la afluencia o refluencia de más o menos emigrantes de los que los ciudadanos y su economía nacional consideren convenientes? De ninguna manera. Por tanto, en este caso se hace muy evidente que la “organización de los estados” vigente en el Planeta se opone a la formación (claramente deseable desde la perspectiva del pensamiento económico liberal) de un “mercado global eficiente de mano de obra”.
A mayor abundamiento y para terminar, preguntémonos: ¿desde el punto de vista histórico, el Sistema Capitalista se habría podido desarrollar sin el amparo organizativo, territorial, social, demográfico y defensivo: de las delimitaciones estatales europeas?[7] Pues no esperemos que se globalice, realmente, sin un orden político mundial equivalente. Lo que es utópico es esperar que se pueda acabar con la miseria a partir del “desarrollismo” exitoso, uno tras otro, en el 100% de los países del Planeta.
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* El título alude a cuestionar la pertinencia actual del presupuesto de que parten, explícita o implícitamente la práctica totalidad de los economistas clásicos
[1] No estamos pensando en los “inútiles” que, en dichas cuentas han de ser aceptados como “útiles”
[2] Tan a la larga que hay que ver el tiempo que ha pasado desde que Prometeo robo, a tal fin, el fuego a los dioses.
[3] Ni de forma revolucionaria, ni de alguna otra forma. Lo malo no es el Capitalismo, sino su “imperfección endémica y congénita” asociada a las organizaciones estatales de las que nació y a las que, al mismo tiempo, ha alumbrado. Se podría hablar de un “proteccionismo” residual irreducible.
[4] No estamos, tampoco, hablando de la tan cacareada “globalización de la economía” que es un hecho que discurre por los mismos derroteros del “orden estatal convencional” con sus limitaciones.
[5] Al decir “asegurar”, entre comillas, queremos aludir a que se podría enfocar el cálculo del coste de la operación, cómo cálculo actuarial de una póliza de seguro que cubriera de tal contingencia a los seis mil y pico millones de seres humanos residentes en el territorio del Estado Universal que proponemos como solución.
[6] De paso, para no desviarnos del tema, señalemos los riesgos a que nos tiene expuestos dicho “antagonismo”
[7] Carlos Rodríguez Braun, “Los Clásicos de la Economía”, Ediciones Pirámide: “... en la Riqueza de las Naciones, la conducta económica fundada en el propio interés desencadena a través de la mano invisible del mercado, siempre que haya un Estado (mano visible).... el desarrollo económico y la prosperidad general”
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